Esa mañana mi peque estaba emocionaba, tenía una cita en el parque de Cánovas y para esta cita tenía que llevar un traje diferente: el de aguadora. Una falda de cuadros, su camisa blanca, y un pañuelo sencillo, y humilde. Toda su clase se había vestido para la ocasión, sabían la historia de las aguadoras, y  que verían a muchas personas mayores vestidas como ellas, repartiendo las tradicionales coquillas y con un burro en dónde llevaban al famoso  PELELE para quemarlo.

Valeria estaba ese día emocionada de verse así “disfrazada de aguadora”, mientras la vestía esa fría mañana, pensaba yo  en mis abuelos,  que me contaban las historias de aquellos años duros de hambre y carestía, de cómo en Fuente Concejo había siempre mujeres con sus cántaros en la cabeza, de la vida dura de aquellas humildes y trabajadoras mujeres, de las manos curtidas por el campo y la labranza, ….  Esta fiesta hace referencia a la actividad de las aguadoras y lavanderas de principios de siglo. Mujeres que  hasta los años 40 o 50 llevaban por las calles de Cáceres cántaros llenos de agua para lavar en su casa la ropa  y sacarse así un jornal para ir tirando.

Me gusta recordarle a Valeria que su disfraz no es tal, que es simplemente el recuerdo de algo que existió y no una ficción cinematrográfica. Está bien recordar….