La gente se había puesto muy guapa para esta cena del Bocuse D’Or, sin duda era algo que merecía la pena asistir, y todos íbamos preparados para darnos un buen homenaje gastronómico y sobre todo disfrutar de platos diferentes en dónde todos los chefs habían puesto mucha ilusión. Había mucha gente conocida del mundo de la restauración, patrocinadores del evento, y público deseando ser sorprendido con platos innovadores y cuidada estética.

Nerea y yo nos colocamos en la mesa de nuestros amigos de ¡A cuerpo de Rey!, periodistas gastronómicos y sobre todo apasionados por este mundo en dónde la “buena comida” es la mejor embajadora.

Disfrutamos mucho de cada plato, doce en total, y comentábamos cada detalle cómo si lo hubiéramos realizado nosotros.

Nos gustaron todos los platos, aunque yo que tengo debilidad por el queso, me emocionó el primero de ellos: la torta del Casar con Albahaca, cerezas y tierra de jamón ibérico.

Manolo Espada

Luego vinieron el tartar de atún Rojo, el lomito de tenca confitada con salmorejo extremeño, la pintada en escabeche, el tataki de presa ibérica, la tarrina de cordero, las lágrimas de bacalao en gazpachito de albaricoque, la sepia con guisantes frescos, menta y jamón ibérico, el rabo de ternera con boletus, la carrillera ibérica con vainilla y para rematar la cena dos postres maravillosos. El jardín Nazarí y el plato que realizó MANOLO ESPADA, el jefe de cocina del Eustaquio Blanco: unos repápalos en crema de bellota y engañabobos con miel de Las Villuercas.

Los repápalos estaban de escándalo, sabían a cocina tradicional, sabían a manos sabias, a mi padre, a mi abuela Paca, ….Le doy las gracias a Manolo por conservar ese legado que es la cocina tradicional y que este siga siendo el corazón del la buena cocina de el Eustaquio Blanco.

¡Gracias a todos los que participaron para que el Bocuse  D’Or fuese un evento “rico, rico”!